HERNANDO TÉLLEZ
A falta de colores, pinceles y paleta, el escritor
bogotano HERNANDO TÉLLEZ tiene la pluma para dibujarnos con palabras a MONGUÍ, un pueblecito de Boyacá tan
singular y hermoso como su nombre.
MONGUÍ
Monguí es poca cosa. Una plaza de yerbas
ralas, una sobria fuente de piedra, un monasterio con el clásico patio y las
arcadas y los helados y espléndidos corredores y las gélidas celdas encaladas y
un árbol que a estas horas ya está decrépito y como disecado por el tiempo. Una
iglesia en cuya fachada se conjuntan la gracia de la austeridad y las desiertas,
tímidas, violaciones barrocas a ese canon geométrico. Además, un centenar de
casas entre las cuales ya aparecen las primeras manchas de la letra vulgar y
menesterosa de la construcción moderna, rompiendo la donosa línea de los tejados
de barro cocido. Y algo más cruel: en la espadaña, bajo las campanas,
disimulado como un remordimiento, el amplificador automático de sonido.
