jueves, 17 de agosto de 2017

BABELIA - 31


BABELIA...
Puerta de los relatos únicos y diversos

(Obra de Enrique de Santiago - Pintor Chileno)


CONTENIDOS:

-“Juntar músicas” (Benyu)
-“Poemas de Blanca Andreu” 
(Leídos por Juana María Echeverri)
-“Zamba de Angastaco” (Los Fronterizos)
-“Poemas de León Darío Gil R.” (Leídos por el autor)
-“Juan Vicente Torrealba” (Rafael Zambrano F.)
-“El negrito del batey” (Alberto Beltrán / La Sonora Matancera)
-“El cóndor y las vacas” (Jairo Hernán Uribe M.)

ADENDA (Desde CHILE)
NADA DE LO DICHO AQUÍ ES REAL
 Por: ENRIQUE DE SANTIAGO –Pintor-


(Visite y lea le ensayo al final de esta página)


ESCUCHE NUESTRO PROGRAMA COMPLETO:




DESPEDIDA


BLANCA ANDREU


JUAN VICENTE TORREALBA


EL CÓNDOR Y LAS VACAS



Tejimos esta BABELIA: 

En la locución:
JUANA MARÍA ECHEVERRI ESCOBAR  y
ABELARDO BENJUMEA HINCAPIÉ.

En el libreto:
LEÓN DARÍO GIL RAMÍREZ.

En la edición y dirección:
JAIRO HERNÁN URIBE MÁRQUEZ.

Agradecemos a ustedes,
babeliantes cómplices,
por su generosa audiencia. 

La BABELIA se disuelve hoy.
Hasta otra voz y otra vez.

Hasta otra…¡BABELIA!




ADENDA


DESDE CHILE



NADA DE LO DICHO AQUÍ ES REAL

ENRIQUE DE SANTIAGO –Pintor-






El Océano de pureza me dijo: “No alcanzarás tu deseo sin pagar por ello: en ti se halla una perla preciosa, rompe la concha”.
Rumi Diwan
Comencé con la aventura de pintar, un lejano día a principio de los años 80. En aquel entonces desconocía lo que era el Surrealismo, pero ya mi pintura contenía las emociones provenientes del automatismo que me surtía del imaginario de lo desconocido. En mí habitaba sólo el deseo de manchar para así ir reconociéndome en este oportuno derrotero que se apareció en mí transitar, con el tiempo me fui dando cuenta que ese camino me llevaría a adentrarme para siempre en lo abscóndito. Optar por otra vía, ya a estas alturas sería impensado, pues la fascinación que produce el embrujo de ser nauta de lo maravilloso, ejerce en el espíritu, una acción que induce más a adentrarse que a un retirarse de esta forma de vida.
En aquellos años entre el humo de las barricadas bajo los extremos tiempos de la dictadura, la universidad y mi atril, se fueron sucediendo los primeros trazos que me indicaban que lo mío era explorar la vastedad del inconsciente. No había aún lecturas sobre Breton, ni Lautréamont, sólo surgían instintivamente las formas inesperadas que cada día dialogaban con mis asombrados ojos, pues quizás la metáfora venía en mi adn, producto de la herencia de mis abuelos nacidos en las zonas del chamanismo illapelino, gente ligada a la tierra que desde su toponimia nos narra además la historia alfarera de esta región (1)